Inconcluso....
No siempre el rojo quedaba muy bien en esa fachada sin embargo se empeñaban en cambiarla según la tonalidad del cielo o de alguna señal que nadie alcanzaba a entender. Detrás de esas cortinas algo se escondía con gran misterio y aun era tiempo que no podíamos indagar, el lugar no cambiaba en su mas mínimo grano de polvo, ni siquiera el viento movía la tierra, cuando este se atrevía a pasar, muy suavemente mecía las copas de los árboles, lo único que cambiaba y que podría catalogarse como vivo era esa fachada. Aunque pasado el tiempo la fachada volvía a desquebrajarse, se ocupaban en volver a pintar sobre los pedazos de tierra cayéndose y despintados. Después de un tiempo el rojo desgastado volvía a retomar vida, pero esta mutaba a un amarillo intenso, que aun de noche pareciese que estaba encendido, las paredes laterales del exterior si no veias la fachada seguía siendo la misma casa vieja que aun no notaba que su edad cruzaba el siglo, las paredes de adobe con enjarre de tierra no eran mas que pedazos como un queso mal formado que había sido labrado por las pocas lluvias y el viento que se azotaba muy de vez en cuando, si te detenías a observar podías notar que era por mucho la casa mas vieja que existía en ese rumbo, el desolado espacio lateral que la rodeaba solo eran los montones de tierra apilados uno sobre otro, con algún intento de esa vieja maleza que se aferraba a tratar de vivir en esos espacios. Aun y con esta estampa todos los días amanecía con su banqueta bien barrida y con sus ventanales bien limpios, nadie sabia como pero siempre era así, ya ni se interesaban en saber. Los pocos animales que habitaban ni siquiera se detenían a descansar en el transcurso de su paso por el frente, ni los perros ni las hormigas parecían tomarle importancia a esa mole de tierra.
Cuando volví, después de tratar de conocer muchas historias de casas viejas y desdeñadas había escuchado sobre esta tradicional morada. El pueblo que la acogía no significaba nada y sus habitantes casi habían desaparecido, decían que la tierra estaba podrida y lo que en un tiempo fue una exitosa zona agrícola, ahora se sumía en su mas ajeno olvido, las calles empezaban a parecer caminos de tierra y sin forma, el animo de su gente se había apagado por que los jóvenes no podían esperar un mejor futuro y porque ellos mismos dejaron que se les fuera de las manos. Las capitales y grandes urbes que presumían de la mas exitosa modernidad, también habían olvidado que alguna vez existió un lugar tan prospero y que fuese el núcleo económico de antaño, ahora solo quedaban sus casas viejas y polvosas, el sol que parecía que llegaba a cada rincón hacia que los habitantes fueran personas obstinadas y de mal carácter, casi se había perdido el sentido humano y todos luchaban por sobrevivir un día mas. Los espacios públicos que son llamados así porque son para todos ahora eran solo espacios, porque el publico se había ido, la iglesia que había sido la mejor escuela del seminario ahora se notaba sola y con sus figuras sagradas inundadas de polvo, se podía observar que dentro de esta, el cristo que antes se veía imponente y daba temor, ahora mostraba una forma fantasmagórica con su brazo caído, su cara cada día llena de dolor tan agrio que se notaba, nadie se quería acercar porque existía la leyenda de que de tanto tratar de bajarse y correr, el yeso habia cedido y su brazo se le habia caído.
No había notado solo una cosa, que absolutamente nadie adornaban la casa, la de la calle grande, la que daba a esa plazuela que solo era un solar, con su pequeña barda de piedra tan desgastada y caída que en algunos lugares ya no existia como tal, en los bordes de esta plaza aun tan erguidos y cabales seguían 2 nogales que se resistían a caer ante desoladora escena.
El sol recio como nunca antes se había sentido hacia que cualquier ser vivo no se atreviese a andar en la hora de medio día, cuando los rayos caen verticalmente donde casi nada te puede ocultar de sus quemantes velos. Para esa hora nona solo se escuchaba a lo lejos el tintineo de las cabras que se atrevían a buscar un mejor árbol para encontrar su alimento. Ahí cuando el tiempo parecía detenerse y sientes en los brazos el frescor de la sombra, solo si estas debajo de un árbol o dentro de una casona vieja donde el viento rara vez hacia su aparición, en el desierto se veía como el polvo y tierra empezaban la danza de los pequeños remolinos que el viento creaba con sus luces parpadeantes como lo hacia ver el sol que pegaba a las pequeñas partículas.
El tiempo inmóvil a partir de ahí se llevaba los últimos recuerdos que Don Margarito, Don Mago como era conocido en ese paraje nos contaba como hasta hace unos años el pueblo se veía con mas vida, nos contaba como los últimos niños eran de las madres que regresaban al pueblo después de su aventura por la gran ciudad o porque su marido había optado mejor por pasar al otro lado como solían llamarle a la frontera. Nos contaba la última vez que pavimentaron la calle principal y la carretera que pasaba hasta los baños termales, donde ahora solo llegaba el fino olor a azufre que se desprendía de esas aguas hirvientes.
Al final de aquel día donde el sol se estaba poniendo en el horizonte y la refrescante brisa se podía sentir empezamos a notar una extraña presencia, fue el día en la que una simple casa vieja tomo vida y cambio la mía. Eran aproximadamente las 6:36 de la tarde, casi un tiempo perfecto, 6 horas antes de que terminara el día, 6 veces los primeros 6 minutos de una hora, y 4 veces 6 minutos antes de que esta se terminara, no encuentro una mejor relación para saber que ese es el tiempo en que la tarde deja de existir y empieza la terminación del día. Fue exactamente en ese tiempo donde la luz ya aparece como luz sino como un reflejo de esta y la obscuridad que desde mi óptica es la parte faltante de luz empieza a crear imágenes que no son reales o que pueden ser no tan falsas. En el momento mismo que nos alejábamos del pequeño tendajo que atendía con una vehemencia inusual el gran amigo que habíamos encontrado don mago, los colores que se desprendían de aquella fachada empezaban a hacer su aparición, parecía un espectáculo casi del tamaño de la aurora boreal, miles de colores se desprendían de aquel pedazo de casa, miles de destellos hacían que la fantasmagórica escena se convertirá en algo tan inusual que no daba temor estar presenciando esa gran puesta en escena.
Lo mas increíble fue el despliegue de aquel ejercito de diminutos seres, que uno a uno tenían una tarea asignada, el que estaba mas fachoso y desdeñado tenia una gran escoba el cual al ras de un vaivén que mecía de una forma muy peculiar aquel polvo acumulado se limpiaba automáticamente, con una cara diminuta y una nariz muy pronunciada, no podía ver los detalles pero conservaba un pequeño traje de agricultor del siglo 18 y un sombrero, unas sandalias mal amarradas, su piel morena que podía aventurarme a decir que era negra con grandes costras parecía que su trabajo de toda la vida era estar atado a aquella escoba pequeñita, detrás de el con una tunica diferente como una ...
Bicigrino dia 7
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10 Octubre 2006
Ponferrada
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Ponferrada a Sarria
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El día de hoy me encuentro en el estacion...
Hace 7 años
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